El desempleo es el mayor problema de los jóvenes de Castilla y León –que suman más de 400 000– aunque la situación va mejorando, apunta Carazo

Joven. Incansable. Y, sobre todo, con mucha, mucha ilusión. Así es Eduardo Carazo, director general del Instituto de la Juventud de Castilla y León desde el 23 de julio de 2015 que, de vez en cuando, se deja caer por León. Y por el Espacio Joven Vías, claro. Y, aprovechando precisamente una de esas visitas, hemos podido conversar con él sobre buena parte de las cuestiones que más preocupan a nuestros jóvenes.

Abogado y economista vallisoletano de 27 años, Carazo procede del mundo asociativo juvenil y cree profundamente en él. El asociacionismo juvenil –sostiene– es bueno para los jóvenes asociados (asumes responsabilidades, trabajas en equipo…), pero también para la sociedad en general. Y confía en que, aunque en la actualidad los jóvenes asociados son los menos, la tendencia sea a que aumenten cada vez más.

Quizá pueda llamar la atención que un alto cargo de la administración –en este caso, un director general– sea tan joven, pero Carazo, que ‘presume’ de tener el Carné Joven, considera que es precisamente esa juventud la que le aporta ‘arranque’, ímpetu para iniciar cambios, a pesar de que le falte experiencia; una experiencia que, por una parte, aportan algunos de los que le rodean y que, por otra, trata de suplir con ese empuje que tiene que le lleva a hacer cosas constantemente en un ámbito que, por su trayectoria, no le es ajeno. Además, afirma estar aprendiendo mucho…

 

entrevista eduardo carazo 2Eduardo Carazo, director general del Instituto de la Juventud de Castilla y León, y Marta Mejías, concejala de Juventud del Ayuntamiento de León, en el Espacio Joven Vías de León

 

La juventud, hoy

En un mundo que evoluciona tan rápido, la juventud no puede mantenerse al margen. Es, en opinión de Carazo, un colectivo muy cambiante, y su evolución se debe, por una parte, al mero hecho de ser jóvenes –ese espíritu de cambio que es inherente a la edad–; y, por otra, a una cuestión generacional. Los jóvenes de hoy tienen unas preocupaciones, una forma de ver la vida diferente a los del ayer y, con toda seguridad, también a los del mañana. Es evidente que la forma de vida de los jóvenes en la actualidad no es la misma que la de la generación de sus padres; y tampoco se parecerá en nada a la de sus hijos.

No es extraño, pues, que en los últimos años, se hayan podido apreciar notables cambios en los jóvenes. Por ejemplo, hoy se vive en un mundo cada vez más tecnológico, y eso –opina el director general– es bueno. La tecnología es una herramienta excelente que facilita mucho las cosas aunque, como todo en la vida, también pueda tener un ‘cara’ más negativa.

En todo caso, la juventud no es homogénea; como todo grupo humano, está formado por personas, y, por tanto, han de existir necesariamente diferencias entre unos y otros. No existe, por tanto, un joven tipo. El único denominador común es la edad y, a lo sumo, se pueden agrupar en función de algunas características como, por ejemplo, los de medio urbano y medio rural. Por ello, Eduardo Carazo apuesta por políticas de juventud específicas, con un importante componente personalizado.

Los jóvenes son un sector muy importante de la ciudadanía: se dice que son el futuro… Y es cierto, pero también son parte importante del presente. No son una especie de “ciudadanos en proceso de elaboración”, sino de pleno derecho. Ellos son quienes más empujan y dinamizan la sociedad, quienes generan nuevas oportunidades. Y no solo los jóvenes entendidos estos estrictamente en función de su edad, sino también aquellos que lo son ‘de espíritu’.

Y son un colectivo que hay que mimar, porque tiene una serie de problemas comunes, como la dificultad de acceso al empleo, motivada por la falta de experiencia, puesto que se acaban de incorporar al mercado de trabajo. Y ahí hay que incidir especialmente para ofrecerles oportunidades. Las políticas activas de empleo –sentencia Carazo– tienen que romper el muro de cristal que separa el sistema educativo del mundo laboral, y para eso hace falta dar formación y capacitación a los jóvenes.

Por otra parte, a Eduardo Carazo le preocupa la desconexión que hay entre buena parte de los jóvenes y las instituciones, que considera fundamentales para el desarrollo de la sociedad. Se debe, pues, trabajar para que los jóvenes las conozcan mejor porque, de esta forma, está seguro que serán más valoradas. Y, para ello, se les tiene que dejar participar, tanto a través del asociacionismo como de otros cauces.

Pero no quiere eso decir que los jóvenes ‘pasen’ de todo. Al contrario. ‘Pasan’ de lo que quieren –sí–, pero hay muchísimos jóvenes implicados en un montón de iniciativas –el voluntariado joven, por ejemplo, cuenta con más de mil jóvenes que invierten buena parte de su tiempo ayudando a los demás–; si bien otros muchos que prefieren dedicarse a otras cosas…

En Castilla y León hay más de 400 000 jóvenes y, según apunta Eduardo Carazo, es una generación preparada y con mucho talento –incluso en comparación con el resto del Estado–; aunque también hay mucho jóvenes con problemas.

Entre estos últimos se encuentran aquellos que ni estudian ni trabajan, los llamados ninis –término que no gusta nada al director general porque, de alguna forma, estigmatiza a quienes no pueden ni formarse ni acceder al mercado laboral–, para quienes el gran plan es la Garantía Juvenil: España recibe cientos de millones de euros, de los que 56 van a parar a Castilla y León. Ha costado arrancar –confiesa Carazo– pero, hoy por hoy, está siendo ya de gran ayuda para muchos jóvenes. En Castilla y León son miles lo que se están beneficiando de las distintas líneas.

En general, los jóvenes de hoy han sufrido mucho la crisis económica y, desde el punto de vista del director general, Castilla y León se enfrenta fundamentalmente a dos problemas: el desempleo y el descenso de jóvenes.

El desempleo entre los jóvenes de Castilla y León, aunque menor que hace cuatro o cinco años sigue siendo muy alto (la tasa en menores de 35 años es del 22 %, y llega casi al 40 % en menores de 25). Los efectos del ‘gran terremoto económico’ se siguen notando, pero la situación, poco a poco, va mejorando: los datos de creación de empleo joven, o de consolidación de empleo indefinido son mejores. Pero aún queda mucho por hacer…

En cuanto al descenso de jóvenes, el problema es que, además de que cada vez hay menos jóvenes –así lo refleja la pirámide de población–, son muchos los jóvenes que se van de Castilla y León; y la movilidad en un mundo global –opina Carazo– no es necesariamente negativa, pero siempre que quien se quiera quedar en su tierra, pueda hacerlo. Y por ello es por lo que se está trabajando…

El director general afirma ser optimista moderado en cuanto al futuro de los jóvenes –a los que tanto necesita, asevera, esta comunidad autónoma–: hay aspectos que van bien, y otros, no tanto… Pero su optimismo se basa en el empleo que, sostiene, es la palanca que permite al joven desarrollar su propia vida. Y en eso –insiste– se va, poco a poco, y con mucho esfuerzo, mejorando.

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El director general se muestra optimista moderado en cuanto al futuro de los jóvenes

 

Cuestión de competencias

Las competencias en materia de juventud las tienen las comunidades autónomas y, aunque podría ser fuente conflictos entre las diferentes administraciones, Eduardo Carazo considera que la tónica general es de colaboración entre unas y otras en una época en la que, además, la tendencia camina hacia la cooperación, y no hacia la confrontación. Al joven –sostiene el director general– no le importa qué administración tiene las competencias; lo que le preocupa es que le den un buen servicio. Y por eso, el Instituto de la Juventud de Castilla y León mantiene excelentes relaciones tanto con las administraciones locales –que desempeñan un papel fundamental con los jóvenes en el día a día– como con otras autonomías y con el Instituto de la Juventud de España.

También en la propia administración autonómica hay algunas cuestiones encalladas por cuestiones competenciales a las que es necesario dar una solución. Es lo que ocurre, por ejemplo, con el turismo activo o el alberguismo.

La administración, apunta Eduardo Carazo, no tiene que construir castillos y defenderlos; antes al contrario, el director general tiene claro que su labor consiste en dar el mejor servicio posible a los jóvenes y, en ese sentido, no piensa defender barreras competenciales ni poner trabas hacia un lado ni hacia el otro, sino tratar de facilitar la labor a aquellos que están desarrollando actividades orientadas en muchos casos a unos jóvenes que, incluso, encuentra en ellas una salida laboral. La posición desde Juventud, en este sentido, es una apertura total al diálogo, a la colaboración, y a que esos problemas competenciales se resuelvan entre todos. Lo más importante para Carazo es que haya buena voluntad y espíritu de equipo. Y eso, dice, lo hay. La administración, concluye Carazo, tiene que estar para apoyar, para empujar y para dar oportunidades a los jóvenes. Y tiene que facilitarles las cosas.

Por lo que respecta a la normativa en materia de juventud, Castilla y León fue pionera en España en promulgar su Ley de Juventud. Fue en el año 2002, y después de este tiempo –han pasado ya quince años– se ha comprobado que hay aspectos que requieren un cambio. Pero ese cambio –según manifiesta el director general– no se llevará a cabo modificando la ley –que, además, conlleva un proceso más complejo–, al menos en lo que queda de legislatura, sino que con revisar otra normativa de rango menor –decretos, órdenes, resoluciones– será suficiente. Y, así, por ejemplo, se pretende actualizar todo lo relativo a las titulaciones juveniles.

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Carazo y Mejías, intercambiando impresiones

 

La labor del Instituto de la Juventud de Castilla y León

El Instituto de la Juventud de Castilla y León es el departamento de la Junta de Castilla y León que se ocupa de los temas que afectan a los jóvenes. Sin embargo, hay muchos que no lo conocen –al menos lo suficiente– y esa es, quizá, una de las asignaturas pendientes de la entidad que dirige Carazo.

Es un departamento muy transversal; y debe ser muy transversal –sostiene el director general– porque los jóvenes tienen inquietudes de muy diversa índole. Por ello, en muchas ocasiones se llevan a cabo políticas en colaboración con otras áreas: educación, empleo… Y no es siempre labor sencilla, porque esa transversalidad, en la práctica, implica una mayor coordinación, compatibilizar intereses , encajar programas… Lleva tiempo y esfuerzo, pero da gusto ver los resultados, concluye Carazo.

Dentro de esa transversalidad, existen estrategias comunes. Una de ellas es el Plan de Empleo Joven, dotado con 180 millones de euros –una parte es la Garantía Juvenil– y ahí están coordinados, trabajando en la misma dirección, Juventud, Educación, Empleo y Hacienda.

Otro ejemplo de transversalidad, en este caso con el ECYL, es el ‘histórico’ asunto de los certificados de profesionalidad, mediante el que los monitores y coordinadores de tiempo libre, y los informadores juveniles, titulados en Castilla y León puedan obtener el correspondiente certificado de profesionalidad. Carazo afirmó que ya se están dando pasos concretos sobre el proceso de reconocimiento de competencias (asesores y evaluadores, normativa…) y espera que se resuelva definitivamente antes de que finalice esta legislatura.

El Instituto de la Juventud de Castilla y León tiene como hoja de ruta hasta el año 2020 la denominada “Estrategia de Impulso Joven 20/20”, consensuada con el Consejo de la Juventud de Castilla y León, asociaciones, ayuntamientos –incluido el de León, que ha realizado distintas aportaciones–, diputaciones… Y en ella se marcan seis grandes ejes estratégicos: empleo y emancipación –en donde se encuentran el Plan de Empleo Joven y el Plan de Garantía Juvenil, y en el que se enmarca también el emprendimiento–, atracción y retención del talento joven –es importante que los jóvenes puedan desarrollar su labor profesional en Castilla y León–, juventud en el medio rural e igualdad de oportunidades –hay una preocupación especial por los jóvenes más vulnerables: mundo rural, mujer…–, participación de los jóvenes en la vida pública –se busca una mayor implicación en la sociedad–, información – creación de una red corresponsales juveniles, mejora de la comunicación, utilización de redes sociales–, y cooperación institucional –mayor colaboración interadministrativa–.

Queda pendiente dar traslado a los jóvenes de la labor del Instituto de la Juventud de Castilla y León –y, en general, de toda la información que pueda resultar de su interés–, labor que, en opinión de Carazo, no es fácil en este mundo de hiperinformación –de infoxicación, si se quiere– en que vivimos, puesto que cuesta –y mucho– hacerse un hueco en ese ‘mercado’ de la información tan dinámico.

La información existe, pero quizás no llegue lo suficiente. Por ello, desde el Instituto de la Juventud de Castilla y León se trabaja en mejorar la comunicación –la propia Estrategia de Impulso Joven 20/20 lo contempla–. Es momento de reflexionar en torno al modelo de información juvenil porque –como todo– debe evolucionar, concluye Carazo.