“Se nos enseñan muchas cosas -dice con frecuencia el joven-, menos a pensar ni a vivir”.

Francisco Giner de los Ríos

Dónde: Fundación Sierra Pambley, en plaza de Regla y calle Dámaso Merino

Fuente: Recordando a Giner de los Ríos | Sierra Pambley

Tres días después de la muerte del filósofo y pedagogo Francisco Giner de los Ríos, (el 18 de febrero de 1915) Antonio Machado escribió un hondo poema, una elegía que incluyó en Campos de Castilla, para recordar a su maestro. La pedagogía de Giner, impartida en la Institución Libre de Enseñanza y en la Fundación Sierra Pambley, se manifestó con enorme influencia en la generación de artistas y pensadores del 98. Giner difundió su amor por el paisaje, la literatura y los monumentos artísticos a través de las excursiones y paseos con sus alumnos por Madrid, el Pardo y la Sierra de Guadarrama en busca de la esencia del pueblo, esa España auténtica de la intrahistoria de Unamuno. No en vano, Antonio Machado en su poema acude a sus amigos para trasladar el cuerpo del maestro transformador de la educación y la moral del país a ese precioso valle de Guadarrama donde Giner soñó un nuevo florecer de España. Hoy, 107 años después de su muerte, recordamos su imponente obra.

A DON FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS

Como se fue el maestro,

la luz de esta mañana

me dijo: Van tres días

que mi hermano Francisco no trabaja.

¿Murió?… Sólo sabemos

que se nos fue por una senda clara,

diciéndonos: Hacedme

un duelo de labores y esperanzas.

Sed buenos y no más, sed lo que he sido

entre vosotros: alma.

Vivid, la vida sigue,

los muertos mueren y las sombras pasan;

lleva quien deja y vive el que ha vivido.

¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas!

Y hacia otra luz más pura

partió el hermano de la luz del alba,

del sol de los talleres,

el viejo alegre de la vida santa.

… ¡Oh, sí!, llevad, amigos,

su cuerpo a la montaña,

a los azules montes

del ancho Guadarrama.

Allí hay barrancos hondos

de pinos verdes donde el viento canta.

Su corazón repose

bajo una encina casta,

en tierra de tomillos, donde juegan

mariposas doradas…

Allí el maestro un día

soñaba un nuevo florecer de España.